Para jan Parte 2

hablando de todo un poco

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En ese momento Dakur cogió a la mujer por los hombros y la acercó a su pecho. La mujer comenzó a elevar el tono de sus quejas así como sentía como aquella polla dilataba cada vez más su culo.

Cuando Dakur apretó la nuca de la mujer contra su cuello, cubriendole la frente con su poderosa mano, los gritos ya eran muy fuertes. Mientras, la mujer permanecía con su cuerpo curvado, ayudándose de sus manos para que su espalda no tocase el pecho del hombre que la sodomízaba y evitar así que la penetración fuese todavía más profunda. El hombre canoso, que seguía manteniendo su poderosa mirada fija en el cuerpo de la mujer, desabrochó el cinturón de su pantalón, lo liberó con energía y lo cedió al medico que esperaba a su lado. Éste, con gran destreza, eligió la longitud óptima del cinturón y rodeo su mano con el resto. Se colocó justo en frente de la mujer, alzó el brazo dirigiendo el cinturón sobre su propia espalda y comenzó a azotar los pechos de la mujer con una impresionante fuerza. Alternando sus golpes a cada uno de los pechos, y manteniendo e incluso incrementando la fuerza con la que pegaba, la escena era de una violencia brutal. Todos permanecíamos con absoluta atención la actuación del médico ya que , con esa intensidad, el castigo no podía durar mucho. Los azotes en los pechos cesaron en el momento en el que el médico soltó el cinturón, sacó con urgencia su polla y mientras pellizcaba y apretaba con dureza los pezones de la mujer se corría contra ella y la aprisionaba contra el cuerpo de Dakur haciendo inevitable que la penetración fuese ahora completa.


Superado el clïmax él mismo le pidió a Dakur que se retirase un momento y se apresuró a completar el desnudo de la mujer. Nadie le había sacado el vestido que todavía colgaba de sus caderas. Ella, liberada de aquel miembro que la sodomizaba apenas recuperó la compostura arreglando su melena. Se sentó en uno de los sillones, ahora con las piernas cruzadas, pidió un cigarrillo con voz casi temblorosa, y pareció disfrutar dirigiendo lentamente el humo hacia sus pulmones. Lo hacía con la mirada serena y dirigida al techo. Parecía como no le importasen los ojos de todos los que estábamos allí. Jan seguía con la mirada seria y el ceño ligeramente fruncido. Era la muestra de que la escena aun no debería acabar. Al momento la mujer recuperó aquel gesto altivo que multiplicaba su belleza y embriagaba a los que allí estábamos. Y sobre todo a su marido. Excitado por todo lo ocurrido, avanzó masturbándose hacia la mirada tranquila y desafiante de su mujer desnuda, follada y azotada por los que allí estábamos, y se corrió sobre su cuerpo mientras besaba una de sus manos.

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