Un día con Melibea

Una chica acomodada y poco convencional para su época

Comenzamos el día.

Nos levantamos junto a la muchacha cuando el sol ya ha salido, a las 10 aproximadamente. Melibea se sienta y comienza a cepillar su largo cabello rubio. Una vez desenredado, nos dirigimos al comedor. Donde su padre y su madre la están esperando para tomar la primera comida del día. Esperamos en la puerta porque sus padres están hablando de ella, hablan de casarla. Pero ella nos cuenta que ama a Calisto y que prefiere ser una buena amante que una mala esposa. Entramos en la habitación y les interrumpimos.

No es un desayuno, como nosotros esperábamos. Consiste en solo leche, ya que en la

Edad Media el almuerzo es al medio día y no desayunan. Melibea se retira a su aposento para vestirse, Lucrecia (su fiel criada) llega y partimos hacia el huerto. Allí, Lucrecia junto a otros criados comienza a cuidar del huerto y Melibea se sienta en un banco.

El almuerzo

Ya eran las 12 del mediodía así que volvimos a entrar en la residencia de la familia de Melibea. Su familia era de aristócratas y a eso se debe su riqueza y posición acomodada. Entramos en el comedor de nuevo y ahora si que la mesa está repleta de carne, verduras asadas, frutas... Lucrecia nos comenta que rara vez comen carne porque la Iglesia prohíbe comerla durante la mayoría del año. Nos sentamos y empezamos a comer. Después Melibea le cuenta todo lo que ha pasado a Lucrecia, que se comporta como su amiga dándole consejo. Les interrumpe su Alisa, la madre de Melibea. Le dice que una mujer muy conocida llamada Celestin quiere hablar con ella. Lucrecia y yo nos retiramos para dejarlas hablar y al tiempo Melibea aparece.

-¿Qué ha ocurrido?

-Otra vez el joven del huerto, Calisto.

-Templa.- le calmó Lucrecia.

Nos cuenta todo lo que ha pasado y lo que Celestina le ha dicho.

La tarde

Por la tarde Melibea se empieza a encontrar mal y mandamos un mensajero en busca de Celestina. Mientras Melibea habla sola. Celestina le hace ver que está enamorada de Calisto. Melibea lo niega junto a Lucrecia, ya que sospechan que la mujer haya hecho algún hechizo o conjuro. Mantenemos un entrevista con Melibea:



M: No puede ser, no puedo amar a ese rufían.

E: ¿Por qué estáis tan convencida?
M: Porque yo no soy así.

E: ¿Así?
M: Soy una chica inocente y prudente.

E: ¿Cuándo empezasteis a encontraros mal?

M: Al poco tiempo de haber visto a Calisto.

E: ¿ Qué es lo que sentíais?

M: Una sensación extraña en el estómago.

E: A eso se le llama mariposas en el estómago.

M: Polillas, querréis decir.

E: Meditad lo que le habéis dicho Celestina.

M: No me gustaría seguir, con esta entrevista. No creo que sea menester.

E: Retiraos si así lo deseáis.

Observamos como Melibea se dirige al aposento de su padre, seguramente a contarle sus confidencias. La chica, tenía más confianza con su padre que su madre. Les dejamos con este gráfico:

Big image
Dejamos a Melibea y a su familia que duerman y volvemos al presente. En conclusión, Melibea es una chica de una familia de aristócratas, es muy bella; inocente; irónica y está enamorada, todo al mismo tiempo. Algo raro que le da un punto especial a la obra.