Homo Viator

Un paso más cerca de la Literatura

¿Homo Viator?

El homo viator, es una tópico de la literatura que se utiliza para describir una travesía, un camino o un objetivo, es la consideración de la vida como viaje o travesía.El hombre medieval cómo homo viator, como hombre que sigue un camino.

El camino fisico del viajero que se desplaza de un lugar a otro. El camino simbólico de quien hace de su vida una búsqueda de perfección. Homo viator —el hombre viajero— es el primero de los tópicos universales de la literatura referidos a la vida y la muerte. Simboliza el carácter itinerante del vivir humano, considera la existencia como camino o peregrinaje que se debe recorrer y que nunca ha de volver.

Se han escrito muchas cosas con este tópico literario.

Homo Viator en la pintura.

Hombre viajero, así explica el tópico literario al Homo viator, nombre que en estos momentos da origen a la muestra del destacado artista nacional, Eugenio Téllez (1939), quien expone 32 obras de la última década, con excepción de Homo viator de 1976.


“Estas pinturas son bitácoras de viajes que cruzan y traspasan el lugar de origen o el destino. Más bien, se movilizan en una infinita trayectoria de rumbos contradictorios, incómodos e irreparables, como los desenlaces negros e impredecibles de la vida”,

Big image

Jorge Manrique y Antonio Machado

Jorge Manrique reflejó en su obra Coplas a la muerte de su padre este tópico de la vida como un camino:

Este mundo es el camino

para el otro, que es morada

sin pesar;

mas cumple tener buen tino

para andar esta jornada

sin errar.

Partimos cuando nacemos

andamos mientras vivimos,

y llegamos

al tiempo que fenecemos;

así que cuando morimos

descansamos.

Otro poeta ilustre, Antonio Machado, reflejó también en su obra este tópico

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.


El poema de Itaca.

Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.


Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.


Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.


Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.


Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.


Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.


Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.

Itaca es la ciudad a la que debemos llegar en nuestra mente, nuestra vida, es nuestro objetivo, el que tu te propongas realizar y conseguir, son tus sueños a alcanzar.

Nos cuenta como la vida te va enseñando miles de cosas y de que en todas esas cosas hay algo bueno, la experiencia la vamos cogiendo mediante crecemos y nos damos cuenta de que no todas las personas pueden congeniar con nosotros o pueden permanecer a nuestro lado.