Un día de Calisto

Reportaje de Miguel Ballesteros Delgado

El gran día

Dormimos en el palacio de Calisto. Era un precioso edificio en el que había muchísimos criados, entre ellos estaban dos que me acompañaron a mis aposentos, Pármeno y Sempronio. Calisto dormía en una habitación preciosa decorada por pintores famosos y yo en una suite. Al levantarnos, descubrí que a Calisto no le gustaba el desayuno que ponían en palacio y que frecuentaba una taberna llamada " La Taberna de Areúsa y Elicia". Cuando llegamos una de las camareras se acerco a nosotros y me fije en que iba muy fresquita de ropa y eso no me gusto, así que propuse de irnos. Al final acabamos desayunando en palacio.
A Calisto se le ocurrió realizar una de las actividades que hacía casi siempre: ir de caza, pero de una manera especial: utilizando halcones para capturar a nuestras presas.
Cuando el sirviente nos dio los halcones para empezar la caza a Calisto se le escapó el suyo y fue a parar a un extraño y bello lugar. Calisto se salto la tapia del jardín y descubrió que tras esa tapia se encontraba una mujer bella mujer según el describía.
Al regresar a palacio para el almuerzo le pregunté a Calisto sobre que haríamos después de la comida y no me contestó. Me quede sorprendido al ver que no reaccionaba.
Cuando Calisto volvió a su ser me dijo que no podía parar de pensar en aquella hermosa dama. Tras esa incómoda comida Calisto dijo que se acababa allí mismo la entrevista.
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