PARAPENTE

Experiencia personal

Fin de semana

El fin de semana pasado, decidí montarme en un parapente por primera vez. Así que con unos amigos fuimos a La Hacienda la María y de allí en camioneta subimos por una montaña 15 minutos para emprender el vuelo.

Siempre había querido hacerlo, pero no había tenido la oportunidad.

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Miedo

Ya en la montaña, tuve miedo al ver lo alto que estábamos. Pero dos cosas me asustaron más. La primera, cuando vi a un señor que se lanzó y no quedó a la altura de la montaña (ya estaba bastante alto) sino que parecía que estuviera sobre otra montaña invisible. Segundo, el señor que me atendió era un ancianito, me dio miedo porque pensé que si le daba un infarto en el aire también moriría yo.

La primera se cumplió, ya volando estaba muy lejos en el aire y veía la tierra como un pesebre. La segunda no, hubo cambio de instructor (sino hubiese sido así seguramente no habría disfrutado mucho).

¿Qué sentí?

Felicidad - Tranquillidad

En realidad estaba muy nerviosa.

Cuando estábamos corriendo por la montaña hacia el vacío, sentí algo parecido a las nauseas, el pensar que el parapente no se abriera y el instructor y yo siguiéramos derecho. Afortunadamente antes de llegar a la orilla sentí como mis pies dejaron de tocar el suelo.


Pensé que tendría mucho miedo, pero al inicio fue pura adrenalina, más que todo porque el instructor me dijo que subiríamos lo que más pudiéramos ya que el viento estaba a nuestro favor. Subimos y subimos, me decía a que altura estábamos y más adrenalina sentía. Me parecía que estaba entre las nubes.


Creía que durante el vuelo sentiría mucho miedo, pero la verdad es que todo allá arriba es frío, tranquilo y me sentí en paz (después me pregunté por qué era extremo), estaba sentada sin tocar suelo disfrutando de una hermosa vista en la mañana.


El instructor al verme tranquila me dijo que pocas personas se relajaban tanto, que muchos vomitaban en el aire y estaban todos los 30 minutos muertos del susto. Entonces me preguntó si estaba dispuesta a sentir adrenalina y hacer lo que pocos hacían cuando montaban en parapente. No supe qué responderle, pero pensé que ya estando arriba, volando .... ¿Por qué no? ¿Qué es lo peor que podría pasar? Además él instructor ya lo ha hecho y sigue vivo. Así que mi respuesta fue sí.


Después de indicarme unos movimientos en el asiento, hicimos algo que se llama el péndulo. Sí, fue algo que me asustó mucho, en esos momentos sentí el vacío que no había sentido, vi todo dando vueltas y sentía mucha velocidad mientras que hacíamos el movimiento típico del péndulo. Increíble, pero lo volvería a hacer.