Las Islas Canarias

Desde un punto de vista geológico

Origen de las Islas Canarias

La formación del Archipiélago se ha dado a través de diferentes ciclos volcánicos que se han ido desarrollando en distintas etapas temporales, desde el periodo Cretácico inferior hasta la actualidad.

Han sido agrupados en tres series, teniendo en cuenta la edad aproximada y las características de los materiales: Series Volcánicas Submarinas, Series Miocenas y Series Plio-Pleistocenas. Las primeras corresponden al vulcanismo que se dio bajo la superficie del océano, y las otras dos al vulcanismo subaéreo que conformó la superficie emergida de todo el Archipiélago.

Las Islas se organizan a través de ejes o directrices estructurales que las conectan entre sí. Fueron originadas por el ascenso de magma desde el fondo oceánico a través de ellas. Estas directrices estructurales son las responsables tanto de la situación geográfica del Archipiélago, como de su distribución y disposición del relieve. Existen tres ejes fundamentales: uno con dirección noroeste-sureste, que agrupa las islas de La Palma, Tenerife y Gran Canaria; otro con dirección noreste-suroeste, uniendo Tenerife, La Gomera y El Hierro; y otro con la misma dirección que este último, con Lanzarote y Fuerteventura. También existen algunos ejes secundarios que tienen importancia en determinadas zonas de algunas islas, con dirección norte-sur y este-oeste.

A pesar de tener el mismo origen, la diferente evolución y combinación de materiales ha hecho que cada una de las Islas posea un relieve singular exclusivo en el conjunto del Archipiélago.

La construcción de los edificios insulares comenzó con el Series Submarinas hace unos 40 millones de años Es el denominado Complejo basal, que constituye la base de las Islas, una mezcla de restos sedimentarios, lavas almohadilladas o pillow-lavas y una densa red de diques. Éste, tras el abombamiento del terreno y levantamiento del bloque insular, llegó a aflorar en algunas islas como Fuerteventura, La Gomera y La Palma. Se cree que las Islas orientales surgieron por primera vez hace 19-20 millones de años.

Con las Series Volcánicas Miocenas comenzaron las primeras emisiones de materiales de proyección aérea, a lo largo de esta época geológica y comienzos del Plioceno. Se estima que para las Islas orientales y centrales comenzó hace 20-15 millones de años, y para islas como La Palma o La Gomera hace 2 millones de años. Se dieron erupciones fisurales a partir de los principales ejes estructurales de cada Isla, con dirección noroeste-sureste y noreste-suroeste. En general fueron tranquilas y con escasa explosividad, donde predominaron los derrames lávicos muy fluidos de naturaleza basáltica. Estos se fueron acumulando creciendo en altura, conformando los principales armazones de las Islas, los macizos antiguos. En Lanzarote, la actividad volcánica se concentró en Famara y Los Ajaches; en Fuerteventura, en la zona de Betancuria y el macizo de Jandía; en Gran Canaria, en la mitad occidental y centro; en Tenerife, en los macizos de Adeje, Teno y Anaga; en La Gomera y El Hierro en las zonas del noreste, y en La Palma, en su mitad norte.

Tras este ciclo o serie volcánica hubo un largo periodo de inactividad que duró aproximadamente 2 millones de años. Esto se tradujo en el desmantelamiento de parte del relieve que se ha había construido a través de procesos erosivos. En las islas más jóvenes como El Hierro, este proceso de desgaste no tuvo prácticamente repercusión en el aspecto insular. Sin embargo, en las más antiguas como Fuerteventura, el relieve ha sido arrasado debido a la acción erosiva durante mucho más tiempo.

Después de esta inactividad surgen las Series Volcánicas Pio-Pleistocenas, la segunda fase subaérea que se dio en las Islas. Se caracteriza por la emisión de lavas basálticas, pero fundamentalmente, por una mayor diversificación de los materiales emitidos, apareciendo también los de naturaleza sálica de manera importante. Este vulcanismo destaca principalmente en las islas centrales de Tenerife y Gran Canaria, con la Serie Cañadas y Serie Roque Nublo respectivamente. Es el ciclo en el que se forma casi toda la isla de El Hierro junto con el archipiélago Chinijo, constituido por los islotes de La Graciosa, Alegranza, Montaña Clara y los Roques del Este y del Oeste.

El aporte de materiales que se produce en las erupciones durante este ciclo volcánico tiende a concentrarse en zonas determinadas de las diferentes Islas. Se crea así el terreno insular que conformará prácticamente el aspecto actual del Archipiélago, excepto por las formas que se van a generar por procesos erosivos (barrancos, acantilados, etc.) o por deslizamientos (algunos valles y calderas).

La actividad volcánica de este ciclo se prolonga hasta la actualidad con el vulcanismo histórico, que es el que ha quedado registrado y documentado por el hombre a lo largo de la historia. Se ha dado exclusivamente en las islas de Lanzarote, Tenerife, La Palma y El Hierro.


Características de las erupciones volcánicas

Independientemente de su origen, en lo que no hay discusión en la comunidad científica, es que las Islas son consecuencia de erupciones volcánicas en el fondo marino. Estas erupciones, una vez que ganan el medio aéreo, van formando una isla. Los nuevos volcanes y sus coladas se van superponiendo, con lo que la isla va ganando en superficie y en altura.

La salida del magma al exterior, se puede producir de tres formas distintas: en estado líquido (coladas de lavas), en estado sólido (cenizas) y en estado gaseoso. Las dos primeras son las más importantes en el proceso de construcción de las Islas.

En Canarias, el mecanismo que da lugar a los procesos eruptivos suele estar condicionado fundamentalmente por dos factores. Por un lado la viscosidad de los magmas y su contenido, y por otro, la posible interacción con una fuente de agua. (Hidrovolcanismo)


Erupciones históricas en Canarias

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Relieve

El relieve de las Islas Canarias se caracteriza fundamentalmente por la continua construcción-destrucción de materiales volcánicos. Esto le ha dado a cada una de las Islas un aspecto particular y único, que depende directamente de la actividad volcánica que haya tenido y de la antigüedad y resistencia de sus materiales.


Uno de los rasgos más característicos del relieve canario y que en primera instancia llama la atención, es la altitud que llegan a alcanzar los edificios insulares. A pesar de su reducido tamaño, el apilamiento de materiales que se ha dado a lo largo de su historia geológica origina estos ‘continentes en miniatura’ sobre el océano. Cada una de las Islas suele tener su máxima altitud en las zonas centrales, y a partir de ahí va disminuyendo hasta llegar al litoral. Lanzarote y Fuerteventura constituyen una excepción. Son las islas más bajas y llanas, cuyo relieve ha sido arrasado por la erosión durante periodos temporales más largos que en las demás, pues se trata de los edificios insulares más antiguos del Archipiélago. Esto también ha provocado que estas dos Islas sean tan áridas, ya que las nubes cargadas de humedad que traen los vientos alisios, pasan de largo sin provocar la precipitación de niebla o lluvia horizontal.


Las mayores altitudes en Canarias están constituidas por el Teide en Tenerife (3.718 m, el pico más elevado de España), el Roque de los Muchachos en La Palma (2.423 m), el Pico de las Nieves en Gran Canaria (1.949 m), Malpaso en El Hierro (1.501 m), Garajonay en La Gomera (1.487 m), Jandía en Fuerteventura (807 m) y Peñas del Chache en Lanzarote (671 m).

Las zonas más antiguas de cada una de las Islas son los complejos basales. Están constituidos por materiales que se han originado bajo el océano con erupciones submarinas. Forman la base de las Islas con una mezcla de sedimentos marinos, lavas almohadilladas o pillow-lavas y una densa red de diques. Tras el abombamiento del terreno y levantamiento del bloque insular, llegó a aflorar en zonas de algunas islas como Fuerteventura, La Gomera y La Palma. En Fuerteventura surge en el Macizo de Betancuria, en La Gomera en el norte insular y en La Palma en el interior de la Caldera de Taburiente.

En el resto de Islas en las que no ha aflorado el complejo basal, las zonas más antiguas son los macizos antiguos, formados en superficie con las primeras erupciones subáreas. Suelen constituir el armazón de la mayoría de las Islas con grandes volúmenes de materiales que se han acumulado hasta alcanzar alturas considerables. Están surcados por una densa red de diques y barrancos, señas de su origen volcánico y antigüedad. En Lanzarote se encuentra el Macizo de Famara y el de Los Ajaches, en Fuerteventura el Macizo de Betancuria; en Gran Canaria los macizos de Tamabadaba, Güigüí e Inagua-Pajonales; en Tenerife los Macizos de Anaga, Teno y Adeje; en La Palma corresponde con su mitad norte y toda la isla de La Gomera constituye un macizo antiguo con actividad volcánica extinta. El Hierro es la única isla que no tiene macizo antiguo ya que se ha formado posteriormente, concretamente durante el periodo Cuaternario. Ocurre lo mismo con los islotes que forman el archipiélago Chinijo.

Otra forma de relieve importante son las dorsales. Son imponentes edificios volcánicos construidos con la acumulación de lavas que se emitieron a partir de las principales directrices estructurales del Archipiélago. En estos lugares se ha concentrado la mayor parte de las erupciones históricas, y ocurrirá lo mismo con las futuras. Destacan fundamentalmente dos, la de Cumbre Vieja en el sur de La Palma, y la de La Esperanza o Pedro Gil en Tenerife.

Los valles y las calderas constituyen elementos importantes y característicos del relieve de las Islas, con diferentes teorías que explican su proceso de formación. Entre los valles destacan sobretodo los que se han formado, según la teoría más aceptada, por grandes deslizamientos gravitacionales. Destacan el valle de La Orotava y el de Güímar en Tenerife, el Valle del Golfo y el de Las Playas en El Hierro, y el Valle de Aridane en La Palma.

Las calderas también tienen diversos procesos de formación. En Tenerife destaca la Caldera de Las Cañadas, que consta realmente de dos semicalderas unidas que han sido formadas, según la teoría más aceptada, en dos grandes deslizamientos gravitacionales diferentes. Otra imponente es la Caldera de Taburiente, en La Palma. Ocupa aproximadamente la zona central de la Isla, y ha sido originada por una interacción de procesos volcánicos, deslizamientos gravitacionales y erosión por escorrentía superficial.

Entre las más conocidas de Gran Canaria se encuentran las grandes Calderas de Tejeda y de Tirajana, la primera originada por deslizamientos gravitacionales y la segunda por erosión. También se encuentra en esta misma Isla la Caldera de los Pinos de Gáldar, de origen explosivo, y las de Los Marteles y Bandama, ambas creadas por hundimiento.

Uno de los rasgos de identidad más claros del relieve canario que destacan sobremanera, son las formas volcánicas recientes. Los volcanes y las estructuras resultantes de los productos que arrojaron, constituyen uno de los paisajes más atractivos y peculiares de las Islas. Los materiales más jóvenes son los más espectaculares. Se originaron durante las erupciones históricas que afectaron a algunas Islas en fechas no muy lejanas. Se superponen a las estructuras previamente formadas y, en ocasiones, han llegado al mar aumentando la superficie insular. Sobretodo destacan las erupciones históricas de Timanfaya, que tuvieron lugar en la isla de Lanzarote durante los años 1730-1736.

Desde las zonas centrales más elevadas de las Islas nacen la mayoría de los grandes barrancos, que es otro de los rasgos característicos. En algunos lugares donde la erosión ha tenido mayor protagonismo como en los macizos antiguos, forman una densa red que surca todo el espacio, siendo muy estrechos y profundos. Se han generado a lo largo de la historia geológica de las Islas debido a la acción de agentes erosivos externos, principalmente por escorrentía superficial. Cabe citar como hecho llamativo, que la isla de El Hierro es la única del Archipiélago que no tiene barrancos. Esto es debido a su juventud, donde no se ha dispuesto del suficiente tiempo como para que el agua incida tanto en el terreno.

La costa adopta diferentes formas debido al constante proceso de erosión marina al que están sometidas. Sus formas son muy diversas, y en general pueden estar constituidas por imponentes acantilados, por rampas lávicas que llegan hasta el mar formando islas bajas, por franjas costeras rocosas o por grandes playas de arena negra o amarilla.

Entre los acantilados costeros destacan los de Los Gigantes en Tenerife, los del Andén Verde en Gran Canaria o Los Fariones en Lanzarote, entre otros.

Las islas bajas son también importantes, formadas por lavas que se emitieron desde zonas altas y que se derramaron por acantilados hasta llegar al mar. La lava ganó terreno al mar, constituyendo planicies que ponen en contacto los antiguos acantilados marinos con la línea de costa. Destacan sobretodo en Tenerife y Gran Canaria. En Tenerife, la Isla baja de Los Silos-Buenavista o la de laPunta de Teno, y en Gran Canaria, la Isla baja de Galdar, la de Lairaga o la de Bañaderos.

Las playas constituyen uno de los mayores atractivos naturales del Archipiélago. Se han formado por el desgaste que ha provocado la erosión en las costas o por el aporte continuo de arena procedente del Sáhara o de diferentes zonas de las Islas. En las Islas Orientales son más abundantes que en las Occidentales, y predominan las playas de arena amarilla debido al aporte directo de arenas que trae el viento del sureste desde el continente africano. Destacan algunas como las playas del Papagayo y Mujeres en Lanzarote, Corralejo y Jandía en Fuerteventura o Las Canteras y El Inglés en Gran Canaria.

En las Islas Occidentales se dan más las playas de cantos y de arena negra, debido a la juventud de su relieve y a los materiales basálticos de color oscuro que se erosionan. También hay algunas de arena amarilla formadas a partir del desgaste de rocas de origen sálico y color claro. Entre las playas más conocidas se pueden citar la de Puerto Naos y Los Cancajos en La Palma, El Verodal y Las Playas en El Hierro, Playa Santiago y Playa del Inglés en La Gomera y Las Teresitas, Playa Jardín o Playa de Los Cristianos en Tenerife.

En las costas canarias son habituales los roques marinos, resultado del retroceso de la antigua línea de costa por la intensa erosión. Han quedado como restos erguidos que no se desgastaron por la resistencia que ofrecieron estos materiales ante el oleaje. Están presentes en todas las costas canarias, pero hay algunos que por su singularidad y popularidad son conocidos en todo el Archipiélago. Algunos ejemplos pueden ser los Roques de Salmor o el Roque de Bonanza en El Hierro, el Roque de las Tabaibas en La Palma, los Roques de Anaga y el Roque de Garachico en Tenerife o el Roque de Gando en Gran Canaria.