Información privilegiada

Su uso indebido en los mercados de valores

La falta de ética en los negocios

El uso indebido de información privilegiada en el mercado de valores es una de las conductas que mayor daño puede causar al mismo por la evidente inequidad que representa frente a los inversionistas y la pérdida de confianza que puede generar entre éstos, razón por la cual dicha práctica ha sido severamente castigada a nivel internacional.

¿De qué se trata?

Quienes en nuestra temprana juventud disfrutábamos viendo películas del viejo oeste americano recordamos una escena que se repetía, con muy breves cambios, en todas las cintas: la infaltable partida de póker. Ésta tenía lugar en el clásico bar del oeste, más conocido como el “saloon” y en ella participaban los “malos” y obviamente el “bueno” de la película que era su protagonista. Después de varias manos en donde había un mismo ganador en forma persistente, el bueno de la película descubría que lo estaban esquilmando y que, el ganador lo era, no por su conocimiento del juego, ni por un golpe de suerte, sino porque usaba un juego de naipes marcado. De esta manera podía saber exactamente cuáles eran las cartas de sus contendores y con dicha ventaja les ganaba todas las partidas. Descubierto el engaño el asunto se resolvía con una pelea a golpes que concluía con la destrucción del establecimiento o, peor aún, con un duelo a revólver, que terminaba con la vida del malo.

Desafortunadamente, esta escena se sigue repitiendo más de lo esperado aunque con algunos cambios: (a) No sucede en las películas sino en la vida real; (b) el escenario no es el viejo “saloon”, sino las bolsas de valores del mundo o los mercados que operan por fuera de bolsa; (c) los jugadores no se sientan en una misma mesa, ni se ven la cara, sino que operan desde sus computadores en forma anónima, de manera tal que ni se conocen ni pueden identificarse fácilmente; (d) las cartas son sustituidas por acciones, bonos u otros títulos; (e) no están jugando, sino invirtiendo los recursos propios o los recursos del público y; (f) las cartas resultan marcadas cuando alguno de ellos tiene una información sustancial que los demás no conocen, información que le permite anticipar la posible evolución de las cotizaciones y operar de esa manera con una ventaja frente al resto del público que participa en el mercado.

EL USO INDEBIDO DE LA INFORMACIÓN PRIVILEGIADA EN EL MERCADO DE VALORES COLOMBIANO A LA LUZ DE LA EXPERIENCIA ESTADOUNIDENSE

La realidad demuestra que no siempre quienes intervienen en el mercado lo hacen en pie de igualdad en materia de información. Piénsese en el caso --por cierto, muy común-- de los accionistas mayoritarios que pretenden vender una compañía obteniendo una prima de control o un sobreprecio frente a la cotización ordinaria del mercado, operación que puede realizarse, bien sea mediante una OPA lanzada por el potencial comprador o mediante un martillo organizado por los potenciales vendedores. Ese proyecto de operación es conocido en muchos casos por los principales accionistas y directivos de la compañía, por los asesores legales de ambas partes, sus banqueros de inversión y, en ocasiones, incluso sus secretarias y conductores.


Lo mismo sucede con muchos hechos de carácter financiero que ocurren al interior de las compañías, y que en un momento dado no son de cono- cimiento público tales como: proyectos de fusión con otra compañía, utilidades muy superiores o muy inferiores a las proyectadas y anunciadas al mercado, proyectos de distribución de dividen- dos, necesidad de hacer importantes provisiones a los estados financieros, nuevos descubrimientos, importantes fallos judiciales que las pueden perjudicar o favorecer considerablemente, etc.


¿Pueden quienes poseen dicha información operar en el mercado con base en la misma cuando ésta aún no es pública? ¿Pueden legítimamente transmitir dicha información a terceros para que operen en el mercado? ¿Cómo trata esos fenómenos la legislación colombiana? ¿Qué aplicación efectiva tienen las normas al respecto en Colombia? Esos son algunos de los interrogantes que nos proponemos despejar en las líneas siguientes.


Lo primero que debe tenerse presente es que uno de los pilares en que se fundamenta el adecuado funcionamiento de los mercados de valores, lo constituye el que los mismos sean eficientes. Se entiende que un mercado es eficiente cuando los precios se forman como resultado de las fuerzas de oferta y demanda bajo una misma base de información, esto es, en condiciones de igualdad informativa para todos los participantes. En consecuencia, el precio de un valor en un momento determinado refleja la apreciación que sobre el mismo tienen todos los participantes en el mercado con base en la información disponible en ese momento.


Se supone entonces que el mercado debe contar con eficiencia informativa, esto es, reflejar toda la información posible para que el público tome sus decisiones en forma racional y en un plano de igualdad informativa. Sobre el particular un estudioso de la materia señala:


“….pues bien, en el ámbito de la moderna teoría económica de los mercados eficientes, la eficiencia informativa supone que los comportamientos de los inversores están influidos no sólo por los valores que adoptan las variables relevantes en períodos pasados y en el actual, sino también por los valores que se supone alcanzarán esas mismas variables en el futuro tras el oportuno análisis de la información disponible (…) Acertadamente Cruz Roche afirma que al inversor no le basta con conocer la situación presente, porque lo deseable es que elabore previsiones respecto a la evolución de aquélla en el futuro; y es que las decisiones de inversión se toman teniendo en cuenta, por supuesto, el desarrollo de la empresa en el pasado y su situación presente, pero, sobre todo, con una especial atención las expectativas futuras. Además la información que se obtenga deberá referirse a la situación, posibilidades y perspectivas del sector económico al que la misma pertenece, a la sociedad en su conjunto, e incluso a la situación económica de los distintos países; todo en aras de realizar previsiones sobre el futuro, de cuya mayor o menor fiabilidad va a depender el éxito de las decisiones adoptadas y que se materializarán en una inversión”.


Luego un mercado eficiente supone, entre otras, que: i) los precios se forman con objetividad y justicia; ii) todos los inversionistas tienen igualdad de acceso al mercado y a la información disponible; iii) las sociedades emisoras tienen una amplia obligación de suministrar toda información que sea relevante para el mercado; iv) está prohibida--y es reprimida—la obtención de utilidades en el mercado con base en información privilegiada, esto es que no sea de conocimiento del público; y v) dicha conducta es sancionable tanto desde el ámbito del derecho administrativo como del derecho penal.


(extracto de “EL MERCADO DE VALORES COLOMBIANO A LA LUZ DE LA EXPERIENCIA ESTADOUNIDENSE” escrito por Jorge Torrado Angarita en REVISTA DE DERECHO PRIVADO, Facultad de Derecho, Universidad de los Andes, mayo de 2008)

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