Un día en la vida de Celestina

Marta Quirós Guillén

Un día en la vida de Celestina

Celestina es una anciana alcahueta que se pasa la vida concretando discretamente citas amorosas a quien se lo pide, mientras ofrece su casa a las prostitutas Elicia y Areúsa para que puedan ofrecer su profesión. Es diabólicamente inteligente y conoce a fondo los pensamientos de todas las personas de su entorno. Tiene el poder de manipular la psicología de los demás, es una bruja y hechicera que hace un pacto con el demonio, y, para entrar en las casas, utiliza el artificio de vender afeites, hierbas, ovillos y adornos para las mozas y tiene mucho orgullo profesional porque considera estar ejerciendo un oficio útil. Es una persona muy codiciosa, pintoresca, hedonista y avara, se vale de las malas artes y la magia negra para conseguir formar una nueva pareja.

Celestina despierta en su catre sobre las nueve de la mañana, tras oír las voces de las jóvenes Elicia y Areúsa, se encuentra de nuevo con su mundo de magia negra, pócimas y hechizos, concretamente en su humilde y oscuro hogar, una mesa, unas pocas sillas, poco más.

Algo después de despertarse recibe en su casa al mismísimo Sempronio, sirviente de Calisto enamorado de Melibea, que le encarga que haga posible el gran deseo de su señor, que el amor que siente por Melibea sea correspondido. Como buena hechicera se dispone a preparar la pócima correcta para que Melibea caiga rendida a los pies de Calisto, la impregna en un ovillo de hilo y al finalizar todos sus quehaceres marcha hacia casa de Alisa y Pleberio, padres de Melibea para cumplir órdenes del sirviente, tras colocar sobre sus hombros un negro manto. Pero antes un buen trago de vino, una de las mayores adicciones de Celestina.

Al llegar a casa de los padres de Melibea, se hace pasar por una vendedora ambulante de ovillos y adornos para conseguir entrar en el hogar y hechizar a Melibea. Alisa permite la entrada de la alcahueta en su casa, puesto que, aunque buena madre, es bastante responsable. Celestina comienza a hablar con Melibea y, tras rozarla con el ovillo, la joven queda hechizada y, por tanto, empieza a sentir el amor por Calisto. La anciana, que tiene don de palabra responde a la pregunta de Melibea acerca de ese sentimiento:

-Es amor dulce, es un fuego escondido, una agradable llaga, un sabroso veneno, una dulce y fiera herida, una blanda muerte.-

Melibea arde en deseos de reunirse con su amado y la Celestina promete su encuentro a la medianoche.

Cuando abandona la casa de Melibea regresa a la suya, almuerza un poco de queso y pan, y tras seguir planeando citas y hechizando a cualquier joven enamoradizo, se encuentra de nuevo con Sempronio, que reclama a la anciana parte de sus beneficios por el trabajo realizado. Esta niega al sirviente cualquier tipo de provecho y Sempronio marcha enfurecido en busca de que Pármeno, el otro sirviente de Calisto, dé una solución a sus problemas.

Celestina sale de su casa con intención de enterarse de alguna nueva historia de amor, aventura de pasión o cualquier otra hazaña comentada en su entorno más próximo.

Sobre las nueve de la tarde, cuando ya el Sol ha desaparecido y se dejan ver los primeros brillos de la luna, la alcahueta decide volver a su ajetreado hogar, donde prepara nuevas pociones y hechizos para el día próximo y, tras despedirse de Areúsa y Elicia, se va al catre con el estómago vacío, tanto trabajo y beneficio obtenido le han dejado sin apetito.