¡QUÉ CUENTO TIENES!

Textos seleccionados 3ºB. Certamen Literario

Paula y el caballito de mar

Érase una vez una niña llamada Paula. Paula era tímida y todos se reían de ella, por su timidez.

-¡Ja, ja, ja! Pe...pero, ¿quién está aquí? Paula, la tí...tímida- le dijo Juan.

-¡No te rí... rías de mí! No soy tí... tímida- le respondió Paula tartamudeando y llorando. Así, con esta charla, Paula se fue corriendo a su casa.

Juan se quedó un poco triste por Paula, pero le daba igual porque... ¡eran vacaciones de verano!

-Paula, ¿pero qué te pasa? - le preguntó su madre al llegar a casa.

-Es que se han vuelto a reír de mí- le contestó Paula llorando.

-No llores más, Paula, que nos vamos de vacaciones- dijo su madre gritando.

Cuando llegaron al hotel, dejaron todas las maletas y se fueron a la playa. Cuando Paula se metió en el agua, vio un caballito de mar atrapado entre las algas. Paula, sin pensárselo dos veces, le ayudó.

-¿Estás bi... bien? le preguntó Paula, un poco tímida.

-¡Sí, estoy muy bien! - le respondió el caballito de mar.

Paula se quedó boquiabierta, porque podía hablar con un caballito de mar. Estuvieron jugando dos horas, hasta que la madre de Paula les cortó el juego...

-¿Quieres que esta noche te coja y te vayas a vivir con... conmigo?- le preguntó Paula al caballito de mar.

-Sí- le respondió él.

Así que por la noche, Paula se escapó y lo cogió. Desde entonces, Paula no volvió a ser tímida.


Laura Fernández

Marta y el hada

Un día, a una niña llamada Marta, que acababa de cumplir cinco años, le regalaron una muñeca que era un hada.

Por la tarde, cuando estaba jugando, notó algo raro en el hada. Más tarde, se fue a comprar comida con su madre. Cuando volvió, ¡el hada estaba volando! Marta le preguntó.

-¿Eres un hada de verdad?- La muñeca contestó:

-Sí, soy un hada y te voy a conceder tres deseos, ¿cuáles quieres?- Marta le dijo:

-Uno: que tenga muchos juguetes... Y de repente, aparecieron los juguetes.

-Mi segundo deseo es que quiero tener muchas amigas, y mañana te diré el otro.- Y se fue a dormir.

Al amanecer se preparó para ir al colegio. Cuando fue al colegio tenía muchas amigas y se lo pasó muy bien. Al llegar a su casa, el hada le susurró:

-¿Me dices el tercer deseo?

-¡Vale!, va a ser que los pobres tengan trabajo y mucho dinero.

Al final, Marta, salió con sus amigas y vieron que nadie era pobre, todos eran ricos. Sus amigas estaban muy contentas.

Gracias al hada Piruli, que le concedió los tres deseos, sus padres también fueron ricos.


Valeria Romero

Mi aventura en el hospital

Mi madre notaba que yo bebía mucha agua y me llevó al médico. Me hice la prueba de azúcar y ¡tenía 295 de azúcar en la sangre!

¿Qué iba a hacer? enseguida me mandaron al hospital de Granada. Allí me hice amigo del cocinero y otros cinco niños.

Dos horas después de comer, me volvieron a hacer otra prueba, ¡tenía 420 de azúcar en la sangre! Al final me pusieron insulina, que bajó el nivel de glucosa cuarenta o cincuenta números. Definitivamente, me diagnosticaron la diabetes. Es una enfermedad con la que no puedes comer azúcar, sólo en casos de bajadas de glucosa en la sangre.

-¿Cómo se produce la diabetes?- pregunté.

-Se produce por comer muchas chuches o la heredas de alguien de tu familia, pero en este caso la has pillado por un catarrro.

-¿Cuánto tiempo voy a estar aquí?- volví a preguntar.

-Pues el que necesites para aprender cómo es- dijo la enfermera Pilar.

-¿Y tiene cura?

-No, dijo la enfermera.

Al principio me asusté, pero después comprendí que no había otra forma de aprender.

Conforme pasaba el tiempo fui aprendiendo... hasta tenía que manejar las agujas, cómo me tenía que medir...

Cuando menos me lo esperaba, llegó el día de marcharme del hospital. Lo estaba deseando, porque había pasado mucho sin ver a mi hermana, así que me gustó muchísimo volver a casa.


Juan Pérez

La casa fantasma

Había una vez una niña llamada Elena. Era una chica muy guapa, simpática y cariñosa, pero un poco miedosa. Un día conoció a Juan, un niño muy astuto y valiente.

Al día siguiente era Halloween. Juan y Elena iban disfrazados: Juan de pirata y Elena de princesa, como casi todas las niñas.

A lo lejos vieron una casa que parecía abandonada.

-¿Quieres que pidamos caramelos en esa casa?- susurró Juan para que los demás niños, que estaban en la calle, no lo escucharan.

-No... ¡Que me da miedo!- gritó Elena.

-No seas miedica. ¡Vamos! - dijo Juan.

Entonces fueron a la casa y al tocar... de repente, se abrió la puerta.

-¡Truco o trato!- dijeron los niños a dúo. Tras la puerta todo estaba a oscuras, menos una sombra blanca-

-¡Aaaah!- gritó Elena, y de la impresión se mareó.

-¡No tengas miedo!- dijo Juan -¡Es solo un esqueleto!

Después subieron las escaleras y encontraron un monstruo gigante de juguete.

-¡Socorro!- volvió a gritar Elena.

-¡Elena, eres más miedosa...! ¡si es un monstruo de juguete!- la tranquilizó Juan.

-¡Vamos a separarnos, a ver si encontramos algo!- propuso Juan.

De pronto escucharon algo y salieron de la casa corriendo. Al bajar las escaleras, vieron a alguien. Elena chilló, muerta de miedo:

-¡Socorro Juan! ¡Fantasmas!

Entonces se llevaron una gran sorpresa al encontrarse con sus padres.

-No volváis a visitar casas extrañas, nos teníais muy preocupados- dijeron los adultos.

Juan se lo había pasado muy bien, porque le gustaban mucho las aventuras y Elena pensó que los miedos son solo nuestras imaginaciones y nunca más se volvió a asustar.


Sofía Valero

Oligista, tan lista...

Érase una vez una niña muy lista llamada Oligista: ella estaba sola en su casa porque su padre y su madre trabajaban fuera.

Oligista se puso a estudiar matemáticas, ya que tenía un examen, pero como era tan lista, se aburría.

-¿Por qué tengo que ser tan lista? - dijo Oligista.

Oligista llamó a su amiga Paula para que se fuera con ella. Paula le contestó:

-Lo siento, tengo que ir de compras con mi madre.

-¡Vente, que estoy sola y aburrida!

-Bueno, luego iré.

-Vale, adiós.

Oligista se puso más contenta. Al atardecer llegaron sus padres y la vieron llorar.

-¿Qué te pasa Oligista? - le preguntaron sus padres.

-Que llamé a Paula y me dijo que sí vendría a jugar conmigo... y lo peor es que como soy muy lista, todo me aburre.

-No te preocupes, nosotros jugaremos contigo.

Oligista se alegró un poco, porque los juguetes que tenía eran de bebés, y jugó con sus padres hasta la hora de la cena.

Al final Oligista se alegró mucho, cuando oyó a su amiga gritándole:

-¡Te prometí que jugaría contigo!

-Gracias. Entra y quédate aquí a dormir.

-¡Vale!

Y las dos niñas durmieron juntas y jugaron hasta el amanecer.


Mamen González