El día a día de Calisto

Un noble perteneciente al siglo XV

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Calisto es un noble pertenenciente a una familia con un gran poder económico. Reside en un gran castillo formado por; grandes jardines, en el cual habitan numerosas y exóticas especies de aves rapaces), un río, que rodea gran parte del castillo del noble, una infinididad de habitaciones, que hace del castillo un auténtico laberinto, y por supuesto un gran patio para practicar su gran afición: la caza.

Es un día radiante: el sol está en lo alto del cielo y se escucha un hermoso cantar procedente de un bonito jilguero. Calisto se despierta habitualmente a las 10 de la mañana, esperando así comenzar a comer un delicioso desayuno cocinado por uno de sus criados. Hoy es un día excelente para practicar la cetrería. El joven noble corre a través de uno de sus largos corredores y baja entusiasmado por la escalera para comenzar la actividad. Todo los días le dedica una gran parte de su tiempo a esta hermosa pasión la cual practica con un gran número de aves a su disposición.

Al finalizar esta afición, le resulta agradable caminar por el pueblo y visitar el mercado para realizar el mismo la compra de ese día.

El joven no le dedica gran parte de su tiempo al almuerzo, por lo que decide diariamente no atiborrarse. Es un galán nato, le gusta pasearse y alardear delante de las jovencitas de sus hermosos trajes de seda procendentes de Oriente. Una de sus habilidades es el ser detallista, colma a sus romances de llamativos regalos procentes de todas partes del mundo. Aunque lamentablemente, esta técnica no funciona con cualquiera, por lo que habitualmente visita a una hechizera amiga suya: Celestina, para que le ayude en la conquista de cada romance; como en el caso de Melibea.


Antes de dormir a este joven le gusta darse un buen baño, en los cuales hay disueltas numerosas sales minerales, acompañadas de un aromatizante que hace que su enorme baño quede prendado de un excitante olor.
A la hora de dormir, los siervos le acomodan en su gran cama de roble. Es tarde y a Calixto le basta con "saltar sobre ella" para quedarse dormido.