12. Hispania romana y visigoda

Ciencias Sociales 1º ESO IES Víctor García de la Concha

1. La Hispania prerromana

Antes de la conquista romana (entre los siglos VIII y III a. C), la Penín­sula Ibérica estaba habitada por numerosos pueblos prerromanos; a partir del siglo VIII a. C, comenzaron a llegar distintos pueblos colonizadores procedentes del Mediterráneo oriental.


Historia de España 1: Prehistoria y Culturas antiguas

2. Los pueblos prerromanos

Los pueblos prerromanos más numerosos de la Península Ibérica fueron los iberos y los celtas.

Ambos pueblos llevaron a cabo distintas actividades económicas y vivían en poblados rodeados de murallas.

El nivel de desarrollo de los iberos (que estaban en contacto con los pueblos colonizadores) fue mayor que el de los celtas.


2.1. La economía y la sociedad

¿De qué vivían?

La principal actividad económica de los celtas era la ganadería (ove­jas, cabras y cerdos), aunque conocían la agricultura y desarrollaron la metalurgia del hierro.

Los iberos vivían de la agricultura (cereales, vid y olivo) y del comercio de metales. Entre los iberos se otorgaba gran importancia a las actividades artesanales (cerámica, orfebrería...).

¿Dónde vivían?

Los poblados celtas, llamados castros, estaban fortificados. La mayo­ría de las viviendas eran circulares. Los poblados iberos, por su parte, estaban amurallados y formados por viviendas rectangulares.

¿Cómo era la sociedad?

Tanto en la sociedad celta como en la ibera existía una clara diferen­ciación social entre el grupo dirigente y el resto de la población. También había esclavos, que, por lo general, eran prisioneros de guerra.

Las mujeres celtas, además de realizar las labores domésticas, se encargaban de trabajar la tierra, mientras que los hombres defendían al poblado y se ocupaban del ganado. La mujer celta tenía mayor peso social: heredaba la tierra y la transmitía a sus descendientes, además de ser la encargada de buscar esposa a sus hijos y hermanos. La influencia de la mujer ibera fue menor, aunque algunas llegaron a ser sacerdotisas.

¿En qué creían?

Los iberos creían en numerosos dioses, a los que solicitaban favores como la curación de sus enfermedades. Para los celtas los principales dioses eran Endovelico y Ataecina y creían que se comunicaban con las personas a través de los sacerdotes, a quienes transmitían sus mensajes.


2.2 Los pueblos colonizadores

Los fenicios y los griegos acudieron a la Península Ibérica atraídos por su riqueza minera (oro, plata, cobre, hierro, estaño, etc.) y se estable­cieron en la costa mediterránea. Allí crearon colonias y factorías (enclaves comerciales), desde las que compraban metales a los distintos pueblos prerromanos.

Los cartagineses tenían como principal objetivo el control del comer­cio de los metales; posteriormente, vieron en la Península la posibilidad de obtener otras materias primas y reclutar soldados para sus campañas militares. Iniciaron entonces la ocupación de todo el territorio, lo que les llevó a enfrentarse con Roma.

La presencia de los pueblos colonizadores tuvo una gran influencia sobre la población prerromana, en especial sobre la que vivía cerca de la costa mediterránea.

Las aportaciones más significativas de los pueblos colonizadores a la sociedad y a la economía prerromanas fueron las siguientes:

■ La introducción de nuevos cultivos y técnicas agrícolas.

■ La difusión de técnicas artesanales (como el torno del alfarero) desconocidas en la Península.

■ El perfeccionamiento de la minería.

■ La introducción de distintos tipos de escritura basados en la fenicia y en la griega.

■ El empleo de la moneda.


3. La Hispania romana

Historia de España 2 : Hispania Romana

3.1. La conquista de Hispania

Tras la Primera Guerra Púnica, Cartago inició su expansión por la Penín­sula Ibérica al conquistar Saguntum (Sagunto), ciudad aliada de Roma. Esta conquista enfrentó a romanos y cartagineses. En el año 218 a. C, los romanos desembarcaron en Emporion (Ampurias). Roma solo pretendía destruir los enclaves comerciales que Cartago tenía en la Península. Sin embargo, los romanos pronto se interesaron por la riqueza minera de Hispania y emprendieron su conquista.


3.2. La romanización

Hispania adoptó la cultura y las formas de vida de los romanos. Este proceso se llama romanización e incluyó los siguientes aspectos:

■ La utilización del latín como lengua.

■ La urbanización del territorio.

■ La implantación de la forma de gobierno y de las leyes romanas.

■ La adopción de la organización social y del sistema esclavista.

■ La introducción de la moneda y de las técnicas agrícolas, artesanales, mineras, etcétera.

■ La difusión de los estilos artísticos, la cultura y la religión romanos.

El Ejército romano, así como los comerciantes y los funcionarios

que llegaron a Hispania (procedentes de la península itálica) favorecieron la romanización.

La romanización fue un proceso desigual en la Península Ibérica: en la costa mediterránea, las nuevas costumbres fueron adoptadas rápida­mente, mientras que en la Meseta y en el norte la romanización fue más lenta y menos generalizada por la resistencia de sus habitantes.

La educación, instrumento de romanización

La implantación del sistema educativo también contribuyó a la romaniza­ción. En Osea (Huesca) se creó una escuela en la que maestros romanos educaban a los hijos de las familias hispanas importantes con el objetivo de que participaran en la vida política de Hispania cuando fueran adultos.


3.3. Hispania, territorio romano

Hispania se convirtió en un territorio romano más, dividido en pro­vincias, que fueron cambiando a lo largo del tiempo. Al frente de cada provincia existía un gobernador.

La administración local: las ciudades

Las ciudades estaban dirigidas por una asamblea de cien miembros (decuriones) que elegían a los gobernantes de la ciudad: los duunviros tenían el mayor poder, los ediles se encargaban del abastecimiento, las obras públicas y los asuntos policiales, y los cuestores se hacían cargo de los impuestos y del dinero de la ciudad.

3.4. La sociedad

Aunque los romanos asentados en la Península Ibérica eran una mino­ría, poco a poco se fue imponiendo la organización social de Roma. Así, la sociedad hispanorromana se dividía en dos grandes grupos: personas libres y esclavos.

Dentro del grupo de las personas libres, solo algunos alcanzaban la condición de ciudadanos: podían votar y ejercer cargos públicos, no tenían que pagar la mayoría de los impuestos, y podían vender y comprar bienes libremente.

Sin embargo, se mantuvo, de forma minoritaria, la organización social de la época prerromana; por ejemplo, en algunas zonas del norte peninsular pervivió la propiedad comunitaria (de un grupo o comunidad de personas) de la tierra.


3.5. La economía

Los abundantes recursos de Hispania se explotaban para enviarlos a Roma.

La agricultura y la ganadería

La agricultura se basaba en el cultivo del cereal (sobre todo trigo para producir harina), de la vid (para obtener vino) y del olivo (para elaborar aceite). En cuanto a la ganadería, se criaba ganado ovino, bovino, porcino y equino.

Las villas eran explotaciones agrícolas y ganaderas que se abastecían a sí mismas. En Hispania hubo muchas, especialmente en el área de la Meseta, en el valle del Guadalquivir y en el área levantina. Las villas podían contar con almacenes, graneros, lagares y viviendas para el pro­pietario de la villa y para sus trabajadores.

Otras actividades económicas

Minería. Las minas pasaron a ser propiedad de Roma. De ellas se extraía oro, plata, plomo, mercurio, hierro, etcétera.

Industria artesanal. Las principales industrias hispanorromanas fueron las alimentarias, como las de conservas y salazones de pescado (garum) y de carne, la textil, la de cerámica, la de hierro y la de vidrio.

Comercio. Experimentó un gran desarrollo gracias a la adopción de la moneda romana, a la existencia de rutas comerciales marítimas,

que unían puertos hispanos (como los de Cádiz, Cartagena y Tarra­gona) con el resto del Imperio romano, y a la construcción de cal­zadas y vías como la de la Plata (que enlazaba Astorga y Mérida) y la vía Augusta (que transcurría a lo largo de la costa mediterránea). Desde Hispania se exportaban tanto productos agrícolas y mineros como esclavos; a la Península Ibérica llegaban sobre todo artículos de lujo procedentes del exterior.


3.6. Las aportaciones culturales y artísticas

Las letras y las ciencias

En la difusión de la cultura romana entre los hispanos desempeñó un papel destacado la expansión del latín, que desplazó al resto de lenguas habladas en la Península Ibérica.

La adopción del sistema educativo romano hizo posible que surgieran en Hispania personas destacadas de la vida cultural romana como el filó­sofo Séneca, los poetas Lucano y Marcial y el agrónomo Columela.

La formación romana de los jóvenes permitió que de Hispania también procedieran emperadores como Trajano, Adriano y Teodosio.


La religión

La religión romana se introdujo progresivamente en Hispania, y algu­nos dioses peninsulares se asimilaron a las divinidades romanas.

Roma impuso el culto al emperador para asegurar la sumisión de los hispanos al Imperio. Posteriormente, por tierras hispanas se difundió también el cristianismo.


El arte

También llegaron a Hispania manifestaciones y elementos artísticos romanos, sobre todo relacionados con la arquitectura.

Los romanos reprodujeron la estructura característica de sus ciudades en las que fundaron en Hispania: Tarraco (Tarragona), Itálica (Santi-ponce, en Sevilla) y Corduba (Córdoba), entre otras.


La escultura, la pintura y los mosaicos hispanos también siguieron los modelos romanos. En escultura se realizaban retratos, tanto de empe­radores y personajes públicos como de personas particulares; se han conservado, asimismo, representaciones de dioses romanos. Las pinturas y mosaicos reflejaban motivos vegetales y escenas tomadas de la mito­logía y de la vida cotidiana, entre otras.

4. La Hispania visigoda

Historia de España 3 : Visigodos y musulmanes