FILOSOFÍA CIUDADANA

Y ACTIVISMO NO DUALISTA

extracto del panfleto Derechos Animales y No Dualidad

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Estado de conciencia para la acciòn

Dice la profecía que cuando cambie el estado de conciencia de la humanidad se corregirán sus disfuncionalidades. Hace miles de años que producimos desigualdad y dolor, pero ahora corremos el riesgo de desaparecer, eliminando de paso a otras especies. A ti, a mí y al resto de individuos de nuestra generación nos tocaría hallar un nuevo estado de conciencia. Pero ¿qué es un estado de conciencia? Urge esclarecerlo. Este panfleto es una llamada a la reflexión, profunda, individual y colectivamente.

Informes ciudadanos sobre estados de conciencia

A lo largo de la historia los humanos han reportado episodios de cambios en su conciencia, cambios en su percepción/concepción de la realidad. Clasificados como literatura mística, han sobrevivido a duras penas en la sección de mitología de nuestras academias. Pero hoy la ciencia se interesa en revisar la clasificación en géneros que hemos hecho del conocimiento. La conciencia vuelve a ser tomada en consideración, como proceso universal, como experiencia humana primordial. A fuerza de necesidad ha sido.

Humanos, no humanidad

Los informes sobre cambios en estados de conciencia son descripciones de experiencias individuales. No sabemos dónde se encuentra el panel de mandos de la humanidad. La humanidad es una abstracción. Su estado de conciencia solo podría cambiar a través del cambio del estado de conciencia de los individuos que componen la humanidad.

[Y por el mismo proceso cognitivo que creamos -vivimos- el concepto humanidad, podemos experimentar el concepto terrícolas. Somos un colectivo junto con el resto de individuos de otras especies que habitan este planeta. Nuestros intereses serían los mismos, si consideramos que nuestra naturaleza también lo es. Eso indica la experiencia].

Caso de estudio: experiencia de estado de conciencia no estándar

El siguiente es un informe sobre un estado de conciencia no estándar experimentado por una ciudadana de este milenio:

“Cuando tenía 6 o 7 años, a través de un proceso de introspección logré darme cuenta, en percepción directa, de que podría haber sido otra cosa que una humana: pude haber sido un individuo de otra especie. (Tomé, pues, conciencia de un potencial anterior a la definición de humana). De hecho recuerdo cómo sentía cómo podía entrar y salir de una planta; planta genérica: planta conceptual (-imaginaba una planta, con los ojos cerrados, o impostados más bien-), pero experiencia sensorial. Supe que las plantas en esencia son de lo mismo que yo, que el físico planta me puede contener/anclar. Además supe que si no me contuviere un físico, igual existo, y de hecho llegaba a experimentar el paso –el `vuelo`- de un físico a otro.


Algunos acceden a estos estados de conciencia al parecer fijando la atención en la respiración. Yo hice uso de formulación lingüística, ideada por mí, que sentía que ayudaba a llevarme a los límites de las definiciones, al límite entre sistemas. Yo enunciaba esta fórmula, concentrada. Era una formulación intrincada, que designaba un concepto rizado [hacia atrás, hacia dentro], igualmente intrincado, que escapaba al análisis racional practicado por mi mente humana condicionada por una cultura cognitiva estándar, materialista. La fórmula – infantil, icónica, sencilla- era: “Por qué existe el existir de que existimos”. Por un lado me llevaba al estado que refiero. Por otro lado yo llegaba a esa formulación en un proceso de búsqueda de información.


No recuerdo haber vuelto a `entrar` con el mismo dominio en estados así –no con esa conciencia del proceso-, aunque sí volví a `caer` en estados equiparables. Años después por ejemplo, tras la muerte de un ser querido. Él entró en mí, como yo pudiera entrar en una planta. Quizá más que entrar en mí, se podría decir que el contenedor que es mi cuerpo dejó de regir. La atención estaba puesta en una `sustancia` que no precisa –y que transciende- el físico (aunque se puede convertir según leyes de nuestro estado estándar de percepción. De hecho mi ser querido estaba no solo en mí, sino en toda la habitación, irradiando desde mí como centro, como ancla; desde mi pecho, luminoso. Él, como muerto, no tenía cuerpo, y los dos usemos el mío. Se puede indagar en esto por tanto en términos definidos por los parámetros que manejamos en nuestro mundo materializante. O sea, estos fenómenos pueden dejar su huella en la materia: se perciben objetivamente.

Parámetros físicos y conversión desde la imagen

En ese estado se podría decir seguramente que la gravedad y la densidad son otras, a decir de la experiencia de `entrada` y `salida` –gentiles- referidas; y a decir de la sensación de elevación que acompaña a las transiciones, en la experiencia del individuo. Seguramente se podría medir el fenómeno en términos de difusibilidad también. En cuanto a la respiración, se podrían establecer relaciones de equivalencia entre columnas de aire y rayos. Se podría decir que en algún grado no solo respira el cuerpo a través del sistema respiratorio. También los ojos por ejemplo participan en una dinámica de emisiones (que se relacionan con luminosidad).


Estamos ante un proceso. Estamos ante conversión de energía. No se trata de imágenes estancas: no se trata meramente de que la mente imagina estar `dentro` o `fuera` de esta o aquella planta. Hay un continuum, que es un medio y un proceso colectivo. Tú eres parte de este, sin dejar de ser tú misma, pues eres tú quien entra y sale de la planta -o del humano u otro-, quien toma impulso, quien explora y observa. Observa todo el proceso en que está inmersa.
Pero a la vez el proceso es conducido precisamente por un escape de la individualidad. Eso produjo el episodio”.
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Universalidad del proceso y falencia materialista

Son comunes experiencias de este tipo, en todo el planeta, en todos los grupos etarios, en todas las culturas, en todas las religiones, en todos los momentos históricos. Y se `entra` o `sale` de estos estados no necesariamente después de una búsqueda. No hay fórmulas exclusivas de acceso. Son procesos individuales, creaciones individuales. Cada individuo dispondría de una conjunción de elementos única.
Su ordenamiento se deriva de un impulso íntimo, anterior a las definiciones de especie (sociológicas, cognitivas, psicológicas…).
No todos los humanos integran esta conciencia (igual) a su vida estándar histórica. Y en teoría, individuos, humanos y no humanos, pueden vivir en un estado de conciencia semejante a este sin conocer quizá estados otros, o sin conceptualizarlo como estado de conciencia no estándar.

A pesar de su universalidad, los últimos siglos la academia no obstante, y el mainstream ideológico, relegó estas experiencias a literatura B. Lo ha estado haciendo cuando a priori ha determinado que no le caben en el esquema explicativo (materialista).


En medicina, los muchos casos de remisiones espontáneas de enfermedades no son registrados debidamente. No se entienden: no se estudian: no son realidad para los efectos. Así es como factores con un papel en el bienestar humano no son tenidos en cuenta, sino tenidos por superstición.
Un ejemplo éste al paso de la relación entre creación de imágenes y efecto en las acciones que emprendemos.

Escapar de la individualidad

Se reporta con frecuencia que la incomprensión, el dolor, la incapacidad del individuo de ordenar su definición de individuo en el mundo, empuja en muchos casos a experimentar episodios así. Son consuelo, son escape, son fluir, son calma –son saludables- y son en sí mismas sencillamente experiencias de la realidad, acceso a un conocimiento que ordene, sin necesidad de que se involucren necesariamente procesos emocionales –sufrimiento-, liberándose el individuo de conversiones a entidades mentales/físicas. La realidad tal como es sustancialmente, sin las limitaciones de una precipitación como objeto o mente. La experiencia de la verdá de la milanesa en su nivel primordial (sin la que no existirá la experiencia de la materia).

No todos los individuos que experimentan estados otros de conciencia los recuerdan. Y no todo el mundo desarrolla una capacidad de convertir en discursos las experiencias (las definiciones culturales coartan esta posibilidad).
[A veces, experiencias de este tipo podrán conducir a vívidas asunciones que dominan la cosmología del individuo, -que puede acabar modificando sus intereses psicosociales llamativamente. Eventualmente será diagnosticado como loco por las oficiales fábricas del saber, que le administrarán productos comercializados por sus departamentos de fármacos].

El estado es el medio

Al acceder a este otro estado de conciencia, el individuo está eliminando códigos de representación intermedios. Por ejemplo, la comunicación con los animales no humanos nuestra cultura ha estado analizándola a través de codificaciones de creación humana (como lo es la conceptualización pávlov). El acceso a un estado de conciencia otro conlleva abandonar la teoría de los condicionamientos, y comprender el sistema telepático. El individuo accederá por inmersión al medio/entorno comunicativo, definiéndose este `en vivo`, sobre la marcha, fronterizo, junto con la entrada en el juego de los participantes. Los signos no son (de)codificados sobre un medio externo a estos, intermedio (como es el aire), sino que los mismos emisor y receptor están integrados en el medio, y en el proceso de concepción. Hay un parámetro de inmediatez, de sincronización importante. Esta sincronización rige sobre el estatus de emisor/receptor. Todo el proceso fusiona categorías, trasciende categorizaciones. Un concepto puede ser agente comunicativo, por ejemplo (actuando de modo similar a un imán sobre lo que serían el emisor y el receptor).


Los sistemas de representación de creación humana juegan con las imágenes con o sin correlación con la fuente primordial de la experiencia; y por ende pueden guiarse por despropósitos (construcciones puramente formales), desvaríos, y en definitiva engaño y dolor. En este contexto son un alejamiento de la verdad.

Epistemología ciudadana

Las definiciones materialistas se alejan pues de la verdad, al dar valor primordial a la experiencia de los sistemas de representación creados por la mente; a los objetos. Y por ende las definiciones materialistas no son interés del ciudadano (que tiene en su naturaleza una sustancia colectivizante, anterior a su experiencia material). La realidad que pinta el materialismo no se adecúa al proyecto histórico del colectivo humano. No interesa al 100% del colectivo humano. No interesa a ningún individuo que forme parte de la humanidad, y en general que habite el planeta (no solo los humanos integran la `sustancia` o campo que en este panfleto referimos, y que origina su experiencia primordial de la existencia en el planeta).

El materialismo nos destruirá si lo dejamos

El materialismo, pues, formula definiciones que desconocen nuestra naturaleza, y que acabarían destruyéndonos si siguieran rigiendo en nuestra cultura. Algo que ocurriría si no estuviéramos ya afortunadamente en este proceso de cambio de conciencia profetizada. Las definiciones que hace la filosofía de la no dualidad cuidan de los intereses de todos, de las verdaderas necesidades, en base al reconocimiento que hace de ese campo colectivizante anterior a la materia integrado por todos los individuos del planeta. Es la experiencia primordial de la realidad, la verdad que busca la filosofía, y la verdad que nos interesa esclarecer e incorporar a nuestros principios como ciudadanos y terrícolas.


Te tocó, como ser histórico que se piensa, (re)conocer esa sustancia colectiva, integrarla a tu definición de ciudadano, y apuntarte las implicaciones. Nos tocó activar y poner de manifiesto –fundar- las relaciones intrínsecas entre individuos y el sistema colectivizante… sistema este cuya existencia… declaramos reconocer –es necesario; y solo posible a través de la correlación directa, a través de su experiencia.


Según esta comprensión colectivizante de la naturaleza intrínseca humana, -de la naturaleza terrícola-, los intereses y necesidades de un individuo humano son por tanto los mismos que los del resto de individuos, humanos y no humanos. Seríamos como células que colectivamente componen una entidad mayor y más compleja. Al mirar por un microscopio es una ilusión de perspectiva/profundidad que las células sean seres individuales. Sin microscopio las células son un rinoceronte enorme, por ejemplo. Sin las células, el rinoceronte no existe.

Cuestionamiento de la realidad

Con este punto de partida, este afán por develar lo oculto, la filosofía cuestiona todo. Al ser la cultura una construcción mental, con valores no necesariamente naturales o acordes con la experiencia primordial de la realidad, vemos que sus valores los pueden definir intereses arbitrarios. Cuestionamos los valores (nuestro logo podría ser un manso signo de interrogación quizá), y no hay otro modo de hacerlo válidamente que desde su concepción íntima, desde el individuo. Un cuestionamiento de la realidad válido es aquel que podemos ejercer sin utilizar las herramientas dialécticas que hemos creado, como cultura, sin conciencia de la sustancia colectiva descrita aquí.


Ejemplo de cuestionamiento: la leche. Su origen sagrado está en un hecho fortuito, producto de un excedente de envases para conservar líquidos. En el siglo pasado Estados Unidos en un momento dado necesitaba enviar alimentos allende los mares para sus soldados. Acabó produciendo demasiados envases para líquidos, de manera que se les ocurrió comercializarlos en el mercado nacional. Fue así como los industriales del envase se aliaron con los explotadores de vacas, y decidieron diseñar toda una `exitosa` campaña de márketing que convenciese a los ciudadanos de que había que beber leche, mucha. Tan arbitrario como esto. Por tanto su origen divino es un cuento de mercaderes plagado de falsedades que violentan a las vacas, nuestras compañeras de nave y espíritu, violentan al organismo humano, por ser su ingesta responsable de los mayores males sanitarios de nuestra época, y al resto del planeta, por lo destructivo en términos ecológicos, profundos, de la explotación animal.

Una buena reflexión debiera conducir en definitiva a una acción, más o menos espontánea, que produjese la innovación que adecúe políticas públicas a nuestro estado de conciencia. Importante trabajo logístico, con atención a la réplica de modelos exitosos, reflejo de nuestras pesquisas íntimas llevadas a estatus colectivo.


La revolución no kill, que está reformando los refugios para no humanos en Estados Unidos durante las dos últimas décadas, se origina en un cuestionamiento clave. Nathan Winograd y su esposa se preguntaron qué verdad había en aquello de que era `necesario` matar todos los años 5 millones de nuestros familiares (no humanos). El mero cuestionamiento de esta premisa activó –halló- la solución a semejante callejón sin salida moral. No era `necesario` matar, lo que era `necesario` era organizarse, innovar, y, como punto de partida, reconocer nuestra naturaleza colectivizante, donde se origina la compasión: es a esto a lo que había que adecuar la acción. Y con este estado de conciencia lanzaron un movimiento imparable. Los ciudadanos no son los responsables de los asesinatos. Los ciudadanos son los responsables de la integración plena de otras especies a nuestra familia humana. Como la pólvora, son hoy cientos las comunidades que lo han asimilado, replicado.

Buenas intenciones pero inconscientes

Es disfuncional un sistema que aspirase, conforme a sus definiciones fundamentales, colectivizantes, a descartar la violencia, sobre la idea de que cada uno somos la misma cosa que el resto (- y así lo aplicaría en su activismo específico, focalizado en animales no humanos, por ejemplo-), pero a la vez produce violencia a través de sus relaciones vecinales, foros de internet, o emisiones mentales/verbales en general. Una acción violenta tiene un efecto violento. La realidad es una, así los individuos se organicen en múltiples grupos. El efecto en el entorno de emisiones tóxicas no aporta sino a un fomento de un sistema que violenta al planeta y nuestra naturaleza primordial. Es un despropósito, en el marco de un plan no violento de la intención. Y es como ver una realidad por un ojo y otra realidad del mismo valor por el otro: demencial, inviable.

El materialismo, arbitrario, destruiría si lo dejásemos el proyecto humano, desde lo más íntimo de su configuración, que se cifra al nivel del individuo, el creador original (de las imágenes).

Activismo y compromiso

Aunque no en todo contexto goce de prestigio airear la idea, los sistemas de organización social son de naturaleza mística, desde el punto de vista de nuestra misma cultura fisicalista. Para que funcione un proyecto colectivo se necesita que cada individuo crea en que el resto de individuos del colectivo está en la misma misión que tú, y que va a hacerse responsable en la parte que le toca. Hay fe en el colectivo. Es algo que no pensamos, pero sin lo cual no habría plan que funcionase.


Y hay otro sentido aún más profundamente místico en la construcción de sociedades, en el desarrollo de planes colectivos: la idea misma de compromiso, el hecho adelantado de que se va a producir un compromiso, impulsa a comprometerse. La idea es un impulso para crear juntos. Aunque no tengas definido (con claridad) qué es el objetivo. Sin esa idea de compromiso, nada se intenta, no hay impulso.

No somos, pues, tan individuales como percibimos en el estado actual de conciencia colectiva. Vivimos una multizofrenia entre lo que experimentamos y lo que conceptualizamos, y lo que verbalizamos.

Nuestro ser, nuestra experiencia primordial, sabe esto, aunque nuestras mentes aseguren la realidad de cualquier película arbitraria.

Solo en base a este conocimiento íntimo de la realidad se explican fenómenos como el de la empatía o compasión. Nada más puede explicarlo, nada más puede explicar el amor, ese impulso individual que se define en función de los otros.


Por tanto, reconocer el colectivo es reconocer valores llamados místicos en una sociedad materialista. Y si esa es una verdad, si tenemos naturaleza colectivizante intrínseca, tenemos sistemas de intercomunicación internos/íntimos que debemos hallar. Son los procesos que se adecúan a nuestras necesidades verdaderas.


Cualquier activismo debe pasar por consideraciones de este carácter. Cualquier activismo social, por muy acotado que tenga su objetivo específico, para ser efectivo será un activismo necesariamente interiorizante y no dualista. Pues la causa última de la disfuncionalidad específica que queramos arreglar sería profunda y una: la incomprensión de esa naturaleza colectiva (que no es producto de los sistemas disfuncionales creados por nuestra propia cultura materializante). Somos mucho más que materia: la materia está acampada en nuestro campo colectivo de existencia. Un estado de conciencia necesario, como el que preconiza Einstein, pasa por comprender esto.


La creatividad, el puro testimonio, la construcción dedicada de tu propio modelo, son tácticas del activista que busca un cambio de paradigma. Se trataría de crear un lenguaje genuino, desde el fondo colectivo de la conciencia. Con convencimiento de que puedes abrir un trayecto en cualquier punto. Unos lo hacen con maestría: antes que tú: te inspiran. Tú inspiras a otros.

Internet y los proyectos icònicos

Internet es un sistema icónico de la conciencia, campo puro de energía e información, sin categorizaciones arbitrarias en su configuración (todos somos iguales), que favorece la comunicación inmediata (telepática, pues el proceso comunicativo no se define fundamentalmente sobre un (inter)medio `tradicional` (aire, grafías)). El medio electrónico despierta esta capacidad de comunicación inmediata, quizá atrofiada en el humano por la asistencia del sistema de representación oral/escrito.
Internet canaliza intenciones, en el mismo proceso en que las crea. Los elementos del proceso comunicativo se confunden (medio, proceso), (emisor, receptor).


Los proyectos icónicos, como el de Creative Commons por ejemplo (concebible en base a las características de internet), reflejan las características de la conciencia. Proyectos como este buscan hallar la organización que se adecúe a nuestra naturaleza colectivizante, donde ciertas definiciones, como la de autor, pierden la vigencia que tienen en sistemas de producción/comunicación tradicionales. El proceso de hallar las definiciones que se adecúen a nuestro funcionamiento primordial confluye con una intención de crear valores culturales nuevos.


Los santuarios también son proyectos icónicos. Son réplicas de un ideal social (donde los individuos de diversas especies –los terrícolas- vivirían en armonía). Santuarios y refugios hacen realidad profecías como la de: `el mundo se adecuará a nuestros ideales cuando instalemos una réplica de nuestros ideales en el jardín de nuestras casas`. La proliferación de este tipo de centros de concienciación construye una nueva sociedad. Mediante réplica. Las formulaciones jurídicas se ajustan sobre la marcha, siguiendo la pauta que marca la organización ciudadana espontánea, según el espíritu de la época.
La inspiración para un santuario es la compasión, ese impulso individual en función de lo colectivo, tan misterioso, pero nítidamente reconocible, e imprescindible para el paso a la acción, pues la compasión, el amor, la conciencia, es la experiencia que nos indica que nuestros intereses, como individuos humanos, y los de los individuos del resto de especies, son los mismos. Nos lo indica íntima e inconfundiblemente. Ninguna (otra) consideración conduce a esta íntima conclusión, a esta experiencia primordial.

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