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ARTICULO DE ECONOMÍA E HISTORIA

LOS ÚLTIMOS AÑOS DE LA DICTADURA ARGENTINA.......

EL PRECIO DE UNA REORGANIZACIÓN NACIONAL

La desaparición de 30 mil personas, asesinatos, 340 sitios clandestinos de torturacion, innumerables genocidios que situó como gran protagonista el mundial del 1978.


Hechos e incontables actos atroces de fichas de ajedres que destinaron a reformar y reestructurar la organización hacia una nueva Argentina, políticamente, económicamente, cultural y social fundamentando una élite de una nación agro-exportador.

Modelos económicos, políticas y neo liberales que cobro falsas imágenes y caras de un gobierno genocista y cruel, en el cual sus maquievelicas ambiciones conllevo a desencadenar la destrucción de familias, sueños y propósitos de una nación. La realización de deseos infrahumanos del general Jorge Rafael Videla a 1.500 victimas muchas de ellas desaparecidas, fue el generamiento de los asesinatos y secuestros efectuados por la triple A. Así como también a su paso la eliminación de toda libertad y democracia en el país.

Un golpe de estado que potencio el secuestro, el abuso, la tortura y desaparición de derechos como personas y hombres que quedaron prisioneros y reclutados en los centros clandestinos de detención.

Los gritos de sangre, dolor y agonía que producía la esma derrocaba a cientos de familias enteras, no solo a victimas sino a madres, esposas, hijos y padres que sangraban también junto a ellos.

Torturas, violencia sexual, jóvenes, niños y sobre todo nietos; bebes fueron el resultado de un terrible genocidio.


Voces de torturas, embarazadas, mujeres, jóvenes y niños que quedaban atrapados en el olvido.


Asi es como Argentina llora sus niños robados tras las consecuencias de una absurda dictadura, madres que manifestaban su dolor e injusticia.

La Argentina de 1976 como un infierno de agonía, gritos y sufrimientos.

TESTIMONIO DE SOBREVIVIENTE EN CAUTIVERIO

Siempre fui criado con mucho amor y, pese a lo que ocurrió, no puedo ir en contra de lo que siento"

Carlos D’Elía, 34 años, niño robado


La vicepresidenta de las Abuelas de la Plaza de Mayo, Rosa Roisinblit, de 92 años, relata cómo se vieron obligadas a cambiar sus estrategias de lucha conforme pasaban los años. “Yo salí a manifestarme a la calle el mismo día que se llevaron a mi hija, el 6 de octubre de 1978, que estaba embarazada de ocho meses. Entonces nadie hablaba de desaparición de personas, solo de detención. Lo que nunca me imaginé que mi nieto iba a nacer en el campo de concentración de la ESMA el 15 de noviembre de 1978. Y al cabo de mucho tiempo buscándolo me encontré con un nieto de 21 años. Ahora ya es un hombre mayor de edad, está casado, tiene dos bebés. Nuestras estrategias de las Abuelas tuvieron que ir cambiando a medida que cambian la edad de nuestros nietos. Al principio exigíamos que los nietos volvieran con la familia biológica. Después, tratábamos de acercarnos a ese nieto y hacerle entender. No era fácil para un chico de 16 años saber que esas personas son unos apropiadores. Y entonces recurrimos a un equipo de psicólogos. Después aparecieron nietos que eran ya adultos y casados. No se puede pretender que vivan con las abuelitas. A mi nieto le llevó un poco de tiempo asumir la realidad, pero finalmente él está orgulloso de ser mi nieto y a sus hijos le pone mi apellido, que no tendría por qué hacerlo. Y yo con eso me conformo”.

TESTIMONIO DE DETENCIÓN Y TORURA

El 12 de enero de 1977, me encontraba en mi casa con mi hija Ruth Irupé (de un año y medio), cuando escuché que sonaba insistentemente el timbre de calle. Era mediodía. Caminé los 30 metros de pasillo que separaban mi departamento de la puerta principal. Cuando llegué alguien estaba pateando con fuerza la puerta. Pregunté: ¿quién es? y me respondieron: Ejército; mientras seguían golpeando. En ese momento recordé los miles de asesinatos, desapariciones y torturas, que desde hacía casi un año venía perpetrando el ejército. Solo atiné a tratar de escapar y corrí por el pasillo saltando el paredón trasero de la casa. Entonces me dispararon desde uno de los techos vecinos. Mi hija, que me había seguido por el pasillo rumbo a la puerta, rompió a llorar. No pude verla ni supe que habían hecho con ella hasta cinco meses después. Ni siquiera supe si esa bala la había alcanzado. Entre cinco soldados me metieron a la fuerza en el camión del ejército. Ante los reclamos por mi hija sólo recuerdo la mirada de odio del que debía ser el jefe de la operación. Había al menos tres vehículos militares en la cuadra y se había obligado a los vecinos a permanecer dentro de las casas. Toda la comitiva se dirigió al lugar de trabajo de mi esposo, a unas 15 cuadras de nuestro domicilio y allí lo detuvieron, llevándonos a ambos al Comando del V Cuerpo de Ejercito, sede del Ejército en Bahía Blanca.

Allí permanecimos, en lugares separados hasta la tarde, en que luego de tomarnos declaración con los ojos vendados y esposados fuimos del mismo modo; trasladados al Campo de concentración. Cuando bajé del vehículo en que me llevaron, pude distinguir gracias a que mi venda estaba un poco floja, la fachada de una vieja casa en cuyo frente se leía en grandes letras negras: A.A.A. (Alianza Anticomunista Argentina), grupo para policial responsable de numerosos secuestros, torturas y asesinatos y con el cual el ejército insiste en no tener relación.

Adentro de la casa, entre burlas, gritos y malos tratos, tomaron nota de la ropa que llevaba puesta y me robaron [ilegible] un anillo. Luego me preguntaron:

Militar: -¿Quiénes somos nosotros?

Yo: -El Ejército

Mil.: No, quién te detuvo?

Yo: -El Ejército

Mil.: -El Ejército te dejó en libertad y nosotros te agarramos - te encontramos en la calle.

Era 1977 y los militares hacían cínicos y absurdos esfuerzos por deslindar responsabilidades.

Me llevaron a una pieza y me obligaron a acostar sobre un colchón. Allí, con las manos atadas atrás, escuche durante toda la noche voces de hombres y mujeres: "Señor, agua", "Señor, quiero ir al baño", "Señor, pan". Nadie respondía. De a ratos entraba alguien y golpeaba a algunos, o gritaba insultos. Se oían quejidos.

Escuché durante toda la noche los gritos de mi marido en la tortura. Después supe que lo habían atado desnudo a una cama metálica y le habían aplicado electricidad (picana) en las sienes, las encías, el pecho, los testículos; supe que lo habían golpeado brutalmente. Luego me pareció escuchar sus quejidos entra habitación contigua, a la mañana, cuando me obligaron a levantarme descalza, pude ver - por un resquicio de abajo de la venda, - que él estaba tirado en el piso, también había sangre en el suelo y me hicieron pisarla.

Me llevaron a interrogar a la cocina, había allí unos cinco o seis militares, entre interrogadores y guardias. Me pusieron una picana al lado mientras gritaban "Máquina" (así llaman a la tortura con picana); con un arma me apuntaban en la sien y apretaban el gatillo. Decían que iban a matar a mi hija. Me golpearon y luego cínicamente me leyeron el testimonio de una mujer a la que habían torturado salvajemente. Me decían que ellos no me estaban haciendo nada de eso, que por lo tanto todo eso era mentira -yo sabia que no era mentira-. Pero luego hicieron venir a mi esposo para que me contara su tortura.

Casi no podía hablar porque tenía la boca llagada y la lengua lastimada de haberla mordido cuando le aplicaban electricidad. Después de golpearme y amenazarme con "hacerme jabón" (por ser judía),me hicieron volver a la habitación diciendome que en dos semanas me iban a venir a buscar de nuevo y me iban "a matar, si no te acordás de las cosas". Me sobresaltaba varias veces al día al oír el motor del auto de los torturadores, pensaba que venían a buscarme. Pasaron dos semanas y no volvieron.

MEMORIAS...

La justicia era aclamada, pero nunca llego sino tras una década después derechos, condiciones de libertad, respecto, igualdad y democracia a la integridad y dignidad humana desechos y abusados.

Almas inocentes, gritos, voces de angustias desesperanzas que perduraran por siempre en nuestras memorias como si hubiera sido ayer. Huellas que marcaran por siempre la vida de cada ciudadano argentino, madre, esposa, hija, hermanos y esposo que por siempre recordaremos como ángeles, héroes por que fueron seres amados y ante todo seres humanos.

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Muro del el Espacio Memoria y Derechos Humanos de las victimas de Argentina

se establece en el predio donde la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) funcionó durante la dictadura cívico militar (1976-1983) como uno de los emblemáticos centros clandestinos de detención, tortura y exterminio, en el que fueron desaparecidas alrededor de cinco mil personas.

La creación del Espacio, reclamo histórico de los organismos de derechos humanos, fue motorizada por la decisión del entonces Presidente Néstor Kirchner y se plasmó en el Acuerdo que el 24 de marzo de 2004 suscribieron los gobiernos de la Nación y la Ciudad de Buenos Aires.

En el Espacio funcionan un conjunto de instituciones que tienen como objetivos básicos preservar la memoria, promover y defender los derechos humanos y testimoniar los delitos de lesa humanidad cometidos durante el terrorismo de Estado.

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Autor:

Escrito y realizado por: Sara Lucia Gutierrez García

CNN NEWS.


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