LOBA

Ley Orgánica de Bienestar Animal

Necesitamos una ley que proteja a todos los animales

Estudios científicos demuestran que los animales, al igual que nosotros, son seres sensibles, dotados de inteligencia e importantes capacidades que les permiten buscar su bienestar. Sin embargo, existe un rezago tan profundo en la legislación ecuatoriana que considera a los animales meras cosas, objetos de uso y disposición del ser humano.

Fundamentos

El objeto de esta ley es el bienestar animal, el cual está directamente vinculado al bienestar de los seres humanos.

ENRIQUE ECHEVERRÍA La ley LOBA

En cuanto se refiere a protección de los animales, las mascotas tienen ya régimen legal. El nuevo Código Integral Penal, en el art. 249 dispone: “La persona que por acción u omisión cause daño, produzca lesiones, deterioro a la integridad física de una mascota o animal de compañía, será sancionada con pena de 50 a 100 horas de servicio comunitario. Si se causa la muerte del animal será sancionada con pena privativa de libertad de tres a siete días. “Se exceptúan de esta disposición, las acciones tendientes a poner fin a sufrimientos ocasionados por accidentes graves, enfermedades o por motivos de fuerza mayor, bajo la supervisión de un especialista en la materia”. Hay fundamento para esta preocupación. Personas de buena voluntad han presentado a consideración de la Asamblea Nacional un proyecto de Ley Orgánica de Bienestar Animal (LOBA), que busca avanzar un poco más allá de las mascotas y solicitan regulación del uso de los animales en espectáculos, sobre el comercio de mascotas en los espacios públicos y su exhibición en vitrinas para la venta. El proyecto de ley también dispone control para regular la disección de animales vivos con fines investigativos; definir medidas de protección para la fauna silvestre que habita en las urbes y fortalecer la legislación específica de vida silvestre; y, por fin, impulsar la adopción de animales de compañía, pero esterilizados. No hay conciencia en cuanto a la protección de los animales. Deben prohibir, radicalmente, la tenencia de perros en una azotea o espacios muy limitados. Cuando algunos dueños viajan a la playa, los dejan hasta por tres días con insuficiente ración de alimentos. Algún desalmado abandona un perro en una quebrada, para que muera; otro, lo abandona en la calle cubriéndole con inodoro desechado, para que perezca; un tercero, le priva del alimento hasta que el perro parezca un esqueleto; y si se trata de vejez o debe morir, lo cuelgan de una cuerda y lo ahorcan, etc., etc., etc. Sin embargo, la ley o reglamentos deberán prohibir que las personas transporten perros o gatos en los buses de servicio público; que los animales permanezcan en sitios visitados por turistas u otros lugares de gran afluencia. Que no suceda que quieran llevar perros al interior de iglesias, centros comerciales, restaurantes y similares. Los perros apenas llegan a un sitio “marcan territorio” con su orina. De manera definitiva, los canes no deben deambular en las calles, buscando alimento en basureros; ensuciando la ciudad con sus deyecciones; y, en ocasiones, atacando a las personas. Que se impulse la adopción de canes para evitar penosas escenas y su reproducción incontrolada. Perros, gatos, aves silvestres y mascotas merecen afecto, pero deben regular su existencia libre de daños y maltratos. Sus vidas merecen respeto y compasión. eecheverria@elcomercio.org