CUENTOS DE NAVIDAD

Cuentos tristes

Los ángeles de nuestra montaña

Un día un pequeño ángel de abeto de navidad se extravio en la montaña Saint-Hilare. El ángel había sido olvidado sobre una roca gruesa cerca del lago Hertel, algunos días después de Navidad, por la pequeña Emilia, que había ayudado a su mamá a deshacer el árbol de Navidad. Ella encontraba al ángel, al que llamaba Angelito, muy hermoso con sus pequeñas alas transparentes, su vestido plateado, sus rizos colorados de trigo y sus ojos azul cielo. Emilia estaba inconsolable por la pérdida de su Angelito y también con la pena que ella creía que tendría su mamá. Por desgracia, la nieve pronto había cubierto al pequeño ángel, cuyas alas se habían hecho de hielo. Pero Angelito afortunadamente no tenía frío, porque los ángeles jamás tienen frío. Igual que los ángeles que vestían los abetos de Navidad.

Durante el sueño largo del invierno el ángel soñaba con tristeza con el bello abeto de Navidad. Había tenido el sitio de elección, arriba en la cumbre del árbol. El abeto estaba inmerso en el pedazo de mil pequeñas luces y fue mecido por la música dulce de las Fiestas. ¿Acaso este tiempo maravilloso volvería un día?


El sol caliente de la primavera que hace renacer las flores y las plantas había hecho, además, un pequeño milagro. Había deshelado no sólo las alas del ángel sino también insuflarle una brizna de vida. Angelito había podido despegar con las aves de la primavera.

La estrella de navidad

Había una vez un sabio experto en estrellas que diariamente con su telescopio miraba el firmamento. Su función como astrónomo era comprobar que todas las estrellas de todas las constelaciones de todas las galaxias estaban en orden, y que todas conservaban su tamaño y color original.

Un día, después de un eclipse total de luna en el mes de diciembre, empezaron a verse una serie de estrellas diferentes y muy coloridas. El sabio, ante aquel descubrimiento se encerró en su observatorio para poder estudiar con calma el motivo de ese hecho tan curioso.

A los pocos días de observación de las estrellas, éstas habían evolucionado sorprendente mente. Unas aparecían de color rojo y violeta brillante, otras con letras escritas en el centro, y otras parecían estar garabateadas por niños.

Eva madrina y los juguetes solitarios

Había una vez una maestra de niños muy pequeños que se llamaba Eva. Todas sus compañeras la llamaban Madrina, y sólo ellas sabían el motivo de ese nombre.

Todas las navidades en la escuela infantil donde Eva trabajaba se hacía una fiesta de la Navidad, donde se contaba con actuaciones de los padres,cuentacuentos, talleres de manualidades y el momento más deseado de todos los niños, que Santa Claus apareciese por allí para repartir regalos sorpresa.

Con todo nuestro cariño te deseo que la magia de la navidad te ilumine en tu camino dia a dia

esperemos que esto te sirva y lo practique en tu vida diario chau!!!!!!!!!