Lucía Sanz

¡HABLAN LOS COMPUESTOS Y PRIMOS!

El cuento:

Hoy voy a contar un cuento que los protagonistas deben de ser los números primos y compuestos ¡espero que os guste!


Mi cuento:

Un día muy matemático, los números primos crearon un club que solo podían entrar los números primos; después de un rato empezaron a pensar que eran muy pocos y se pusieron a llamar por teléfono a distintos grupos de números: -¿a quién podemos llamar? - dijo el numero 11 dudoso. -No lo sé, ¡esperar! ¿Por que no llamamos a los números compuestos? - exclamó el primo sabio. -Si, va a ser buena idea pero ¿os acordáis de la contraseña? - preguntó el número 43. Los números primos se angustiaron porque no se acordaban, entonces empezaron a sumarse, -si yo soy 3 y tú eres el 23 es igual a 26 ¡haber si funciona! - dijo el número 3 entusiasmado. -Bip, bip, contraseña errónea - dijo el teléfono. - ¡Oh no! ¿Entonces cuál es? - se angustió el número 43. -Claro, no sale porque el resultado tiene que ser uno de nosotros - dijo el primo sabio. Los números primos comenzaron a sumarse: -yo soy 17 y nos sumamos tú 2 nos daría 19, ese es mi tío - dijo el número 17. Bip, bip, bip, ¡contraseña acertada! ¿A quién desea llamar? - dijo el teléfono ilusionando a los primos. -A los números compuestos - dijeron todos a la vez. -Llamando a números compuestos... De repente u silencio inundó la sala. -¡Diga! Aquí al habla el número 20 ¿quién llama? - dijo un número compuesto. En ese instante un niño que tenía pasión por los números compuestos por ser tantos se puso a gritar: -yo, aquí al habla el número 5 ¡soy tu fa... El niño no pudo continuar su frase porque justo en ese instante entró un mosquito, número decimal y se le metió por el ojo, en ese instante el niño comenzó a gritar: -¡socorro estoy ciego! ¡Que alguien me ayude! ¡Soplarme en el ojo para que el decimal salga! El decimal salió y el teléfono contestó: -soy el número 99, el sargento ¡quiero una respuesta! - dijo él todo serio. Entonces contestaron: -si perdone, les hemos llamado porque hemos creado un club de números primos y somos muy pocos y como ustedes son muchos ¿les apetecerían participar en nuestro club? - preguntó tímidamente el capitán de los primos. - Vale, pero deberán de hacer unas pruebas. 1º: buscar a otro grupo de números que si quiera participar, 2º: decir que los números compuestos son los mejores y por último: ja ja ja, ¡no lo vais a conseguir! Y de repente se colgó el teléfono. Los números primos estaban muy tristes porque no sabían si lo iban a conseguir, estaban muy deprimidos. De repente, un número que estaba perdido por la sala matemática salió y dijo: -¡lo vamos a conseguir! ¡Si! ¿Por qué no llamamos a los números naturales que son parte de nuestra familia? -¡Vale!- dijo otro número. Llamaron y respondieron: -¿si? Hola, ¿qué tal? -Bueno, no muy bien, ¡necesitamos vuestra ayuda! - dijo el capitán tristemente. Vale, ¿para que? - preguntaron los naturales. -Necesitamos otro grupo de números para que los números compuestos estén en nuestro club - dijo él. -¡Vale! Y terminaron la conversación. Mientras tanto, los números compuestos estaban diciendo: -¡no lo conseguirán! Son muy pocos, ¿qué podríamos hacer para parecer que somos más?

-¡Llamar la atención! - dijo otro. Entonces los números compuestos se fueron a la calle de los matemáticos y se pusieron a gritar: ¡SOMOS LOS MEJORES! ¡SI, SI, SI! -¡NADIE NI NADA ES SUPERIOR A NOSOTROS! Toda los números les miraban con cara de extrañados, ¡creían que estaban locos! Empezaron a saltar y asustar a la gente, pero ellos tenían una debilidad ¡la generosidad! Entonces, los números primos consiguieron unirse con los naturales y se fueron a ver a los números compuestos. Al verlos reaccionar de esa forma se extrañaron mucho y se estaban pensando en lo de unirse con ellos. Después de tanto pensar decidieron que era mejor unirse a los números naturales que con los compuestos ¡con quien menos se lo esperaban! Estaban muy felices con los números naturales porque eran muy majos. Los números compuestos pararon de hacer esas cosas y se dieron cuenta de que estaba mal lo que hacían.

La moraleja de este cuento es: nunca tires la toalla y júntate con las personas que no te piden nada por su amistad.

¡ESPERO QUE OS HAYA GUSTADO!